Nunca supe muy bien qué significa esa etiqueta tan trillada del rock urbano y no me gusta utilizarla en exceso porque, como la mayoría de las etiquetas, me parece un poco sectaria (¿hay alguna canción más urbana que Pongamos que hablo de Madrid?). Por regla general, al hablar de rock urbano, automáticamente se cae en el tópico fácil de limitarlo al calimocho y los porros (sustancias contra las que no tengo nada en contra, por cierto), cuando no tiene por qué sesgarse tanto (tal vez el problema no sea la etiqueta en sí, sino el cómo se pretende limitar con esos tópicos). ¿Dónde deberíamos encasillar la música de ENCRUDO? Si queréis, podéis situarla dentro de la ya citada etiqueta (tampoco es que sea algo descabellado), pero desde mi punto de vista sería más apropiado decir simplemente que hacen rock a secas, lo cual le daría un enfoque más amplio y justo a su propuesta. Sí, en sus letras hay referencias a la calle, a los portales y se podría decir también que este Grabado en los huesos inmortaliza fotografías realistas de barrio, de recuerdos de la primera juventud y de zapatillas gastadas de tanto callejear. Pero creo que su propuesta va mucho más allá de ese mensaje explícito (muy bien expresado, por otra parte) y es por eso que me da cierto reparo caer en ese cliché sin matizarlo.
No me cansaré de repetir que es un tremendo error afirmar que el talento es propiedad única y exclusivamente de los virtuosos que se pueden dar el lujo de caer en los excesos musicales. Musicalmente se puede conmover y desprender talento desde la honrada sencillez, con un par de guitarrazos modestos pero certeros. Está muy bien que haya Arzaks encima de los escenarios, pero también es muy saludable disfrutar de los Arguiñanos del rock, mucho más cercanos y, desde mi punto de vista, creíbles. Estos chicos tienen mucho talento y la mejor muestra de ello es que tienen una virtud, cuanto menos, meritoria e inusual: sonar a ellos mismos dentro de un estilo en el que los refritos y la falta de personalidad a veces resultan inevitables y comprensibles (todo está inventado), pero también cansinos y hasta tediosos. ENCRUDO no han inventado la pólvora, claro que no, pero al menos consiguen que al escucharlos no se te vengan a la mente de forma rotunda otros grupos, lo cual no es poco tal y como están las cosas. Su juventud no sólo no les quita ni un ápice de credibilidad, sino que es un dato que le aporta al contexto del disco un punto a favor a tener en cuenta a la hora de valorarlo. Seamos claros, más quisieran muchos grupos veteranos conseguir finiquitar un disco como éste: tan fresco como maduro; tan directo como moldeado; tan callejero como sentimental y tan comercial como creíble y veraz. Nuevamente queda claro que el rock, por suerte, no entiende de edades.
Quiero hacer especial hincapié en el tema de lo comercial, porque supongo que más de un lector, al leer esa palabra, se habrá asustado (incluso alguno habrá dejado de leer esta crítica). No cabe duda de que el mundo del rock es un mundo apasionante, pero como todo, tiene su parte negativa. En ese sentido creo que su lado más nefasto radica en que hay determinados sectores que pecan de un sectarismo prejuicioso que no hace más que obstaculizarlo. Hay un visible pavor a la palabra comercial y se cae en el error de darle automáticamente un significado peyorativo que muchas veces acaba perjudicando a grupos cuya propuesta es mucho más sincera que la de otros que se llenan la boca presumiendo de no querer llegar a la gente porque quieren ser auténticos (lo cual en ocasiones es contraproducente, puesto que esa búsqueda obsesiva por ser guay no sólo no es espontánea y natural, sino que les acaba convirtiendo en cómplices de la también peligrosa dictadura de las minorías).
Sí, lo digo abiertamente: este Grabado en los huesos es un disco sanamente comercial. Y sí, saber conjugar la calidad y el talento con una propuesta atractiva para un público no estrictamente minoritario (sin por ello prescindir de la autenticidad) es un lujazo que hay que aprovechar y exprimir sin ningún tipo de complejo. Y también hay que aprovechar los atajos lícitos que no corrompen ni adulteran lo que dictan el corazón o la tripa (muy distintos a los atajos que critican en Caro peaje.). Si por querer llegar al mayor número posible de gente un músico es un vendido, a lo mejor significa que, como decían los irrepetibles KORTATU, hay algo aquí que va mal. Y es que no es habitual que un grupo dé muestras de sensatez de una forma tan prematura. Sensatez que se forja a base de saber a lo que juegan y de tener las cosas claras (da la sensación de que se trata de canciones muy trabajadas y con las que llevan conviviendo toda la vida), reflejándolas además en unos textos que, sin llegar a caer en la tentación de lo estrambótico e indescifrable, desprenden una madurez elogiable. Un trabajo equilibrado en todos los sentidos que se sostiene con total solvencia desde el primer corte, En nuestro bolsillo, que con su vitalidad urgente y su frescura, en tan sólo dos minutos consigue dar el primer paso para que el oyente sienta curiosidad por seguir cotilleando en los rincones de este álbum.
Con Abriendo brecha (curioso guiño al Una noche sin ti y al Ginebra seca de BURNING) uno ya empieza a sospechar que no estamos ante el típico trabajo cuyo peso recae únicamente sobre lo pegadizo, sino que sus credenciales son mucho más profundas y se enfocan al largo plazo: cuenta también con argumentos musicales que van más allá de la primera escucha y una letra excelente con mucha miga: “Odiaba pisar el suelo que ya pisó la multitud; cuando el camino está trazado sólo queda perseguir las flechas. Perdimos tanto tiempo en asentir con la cabeza que olvidamos el derecho a seguir abriendo brecha”. Más que interesante resulta también Al primero que intente opinar, tema que precede a uno de los puntos más sobresalientes del disco, Si no hay veneno, canción que merece una mención aparte. Se trata posiblemente de uno de los temas más completos (en todos los sentidos) del disco; un medio tiempo redondo, elaborado y que además, mediante una letra tremendamente emotiva consigue dibujar el infierno de la droga a través de una mirada localista que, si bien se centra en Las Barranquillas (poblado madrileño conocido como el hipermercado de la droga), le da un enfoque global que debería tocar la fibra sensible de cualquier persona con un mínimo de sensibilidad: "Quedaron atrapados, como antos, en la telaraña de la sociedad, de la que no pueden escapar los que se pasan la vida tiñiendo las suelas de barro (...) Hoy se colaron en el 130 una vez más para recorrer a oscuras, por Las Barranquillas, el tramo final; ahora le explicas tú lo fácil que es regresar a perderse entre su pelo si no hay veneno (...) Diez minutos del infierno al corazón de la ciudad". Una joya de tema.
Pese al inmejorable comienzo, la cosa no es que decaiga con el resto de composiciones. De eso se encargan temas como De farol; la incontestable Juegos de animales; Monigote (con una visión crítica a través de duras metáforas); la ya citada Caro peaje (con la acertada colaboración de Daviz, de MALA REPUTACIÓN, en las segundas voces y de Búho, actualmente en FUCKING MONDAYS y parte importante de los ya extinguidos LOS RECONOCES, a la guitarra); Ahora que nadie me escucha, otra de las letras que más destacan por su intensidad y emotividad, al igual que el impresionante texto que arropa a Mi tablero. El disco concluye con la preciosa, confidencial y desnuda Entre tú y yo (qué bien encaja esa harmónica), encargada de convencernos definitivamente de que esas buenas vibraciones que desprendía la musicalmente antagónica En nuestro bolsillo no eran más que el comienzo de algo grande, de esta caja de sorpresas agradables en forma de disco. No sé si estos tres chicos conseguirán llegar a vivir de ésto (de corazón espero que sí), porque la justicia musical a veces es muy puta (y sorda); pero desde luego que con este segundo trabajo (grabado en los reputados estudios Sonido XXI de Navarra) han plantado unos cimientos fuertes que denotan una solidez que asusta. Demasiadas cosas buenas para estar de casualidad en esto del rock. Demasiadas buenas canciones para que no queden huellas de ENCRUDO en la arena de la playa del rock estatal.
TRACKLIST:
01. En nuestro bolsillo
02. Abriendo brecha
03. Al primero que intente opinar
04. Si no hay veneno
05. De farol
06. Juegos de animales
07. Monigote
08. Caro peaje
09. Ahora que nadie me escucha
10. Mi tablero
11. Entre tú y yo
ENCRUDO son:
Sergio de Diego: batería
Alfonso Martín: guitarra
Jorge Ruíz: bajo y voz