Aunque toda la comunidad metálica de oriente (me refiero, evidentemente, a Japón) ya ha podido disfrutar de “Time To Be Free”, el disco que representa el debut en solitario de André Matos, uno de los cantantes más dotados y carismáticos, aunque no en exceso afortunado (véase Shaman), de la escena heavy de los años 90 verá la luz en tierras europeas a finales de este prolífico mes de febrero.
Pero… ¿he dicho debut en solitario? Perdonadme. Quizás el recurso fácil de presentar este disco bajo el nombre completo de su vocalista me ha llevado al error que ahora quiero subsanar. ANDRE MATOS es mucho más que un disco en solitario. Quizás el lógico y gran grado de protagonismo que cobra la voz del simpático brasileño en el 80% del álbum sería motivo suficiente para denominarlo de tal modo pero, no nos confundamos, ANDRE MATOS tiene todos los visos de ser una banda sólida con un nuevo camino por delante.
Valgan como datos la eterna presencia junto a Matos de Luis Mariutti al bajo, acompañado a las guitarras de su hermano y escudero del cantante en Shaman, Hugo Mariutti. Completan la banda un sorprendente Eloy Casagrande a la batería, que cuenta únicamente con 16 primaveras y se despacha a gusto con una pegada de primer nivel, y un viejo conocido de los más acérrimos fans de los primeros años de Angra, ya que fue su primer guitarrista y realizó varios conciertos con ellos antes de la edición de su primer álbum.
Con todos estos datos me atrevería a decir que “Time to be free” representa toda una oportunidad de rememorar glorias pasadas a los seguidores de discos como el Angels Cry o el Holy Land pero, eso si, sin caer en la nostalgia barata, sino con unos temas que explotan la cara más alegre y grandilocuente de la voz Matos, enriquecido con los esperados elementos de referencia a las composiciones de música clásica que tan bien aderezaban los discos antes comentados.
Empezando por el título del disco parece que Andre tenía claro que algo no marchaba bien tras su último disco con Shaman. Con las fuerzas renovadas y lejos de esas cadenas autoimpuestas que en el “Reasons” ataban la voz del brasileño en unas tesituras más graves y rasgadas que redundaban en una música menos positiva y enérgica, en “Time to be free” las cadenas han sido rotas, o más bien destrozadas por un registro vocal de esos que te recuerdan la grandeza de este vocalista. Se expande hacia el infinito y nos hace volar acompañado de grandes sinfonías para después posarnos en instantes de auténtica dulzura e intimismo que recuerdan, en temas como “Looking Back” a los agudos que destilaba el vocalista en aquella versión del clásico “Wuthering Heights”.
Destaca sobre todos “Letting go” que entra tras el calentamiento orquestal de la intro “Menuett”, y supone un auténtico gustazo al oído de los amantes del power metal que Angra destilaba allá por los 90 y se despacha a gusto en más de 6 minutos que terminan con un “in crescendo” vocal que ya no decepcionará en todo el álbum.
Para quienes busquen temas rápidos de power metal sin más, encontrarán grandes piezas del género en cortes como “Remember Why”, “Endeavour”, con grandes solos de guitarra y teclado junto a una batería a 100 por hora, o “Separate Ways”, que podrán disfrutar aquellos que se hagan con la versión japonesa del álbum, y que, además de ser una estupenda adaptación del clásico de correspondiente clásico de Journey añade una presencia y profundidad al final del disco dignas de mención. Una gran versión.
En líneas generales todo el álbum al completo presenta un gran calado compositivo que transmite pasión a raudales. Una pasión que se desborda en temas más netamente heavys y que, por otro lado, parecen retazos de la etapa de Matos en Shaman interpretados con muchas más ganas y fuerza. Como ejemplo veánse “How Long”, de cuyo estupendo estribillo no te librarás ya en todo el día o “Face the End”, un medio tiempo donde la sección orquestal se encuentra en perfecto equilibrio con la fuerza que va adquiriendo un tema que, en su inicio, es pura delicia lírica.
A su amada ciudad, Rio de Janeiro, nos llevan Andre y los suyos a través de “Rio”, un tema que me ha recordado mucho a las composiciones más experimentales que poblaban aquel “Fireworks” de 1998 (¡cómo pasa el tiempo!) y que incluye, como no, los elementos rituales justos y necesarios para ambientarnos en la renombrada ciudad brasileña.
Para acabar voy a destacar dos temas que sin duda lo merecen. La riqueza de elementos que los componen es digna de mención y, si bien el tema que da título al álbum se alza como la obra magna del mismo, con más de 8 minutos que exploran todos los registros alcanzables por el vocalista, en “A new moonlight” disfrutamos de otra larga pieza donde el total protagonista es el piano, la experimentación orquestal, el susurro ambiental de delfines, el apoyo comopositivo de la música clásica y la destacada explosión final de la guitarra de Hugo Mariutti. Una delicia.
Me resulta difícil y a la vez sería inútil no deshacerme en halagos cuando un disco de casi 70 minutos de duración se te pasa volando, y cuando este término, además, sirve para describir hacia donde nos lleva, en esta ocasión, Andre Matos con su voz.
Variado, rico y la muestra perfecta de lo que, trasladado a términos culinarios, es power metal con fundamento. ¿Tengo que hablar también de la portada?... Chapó.