SYMPHONY X + CIRCUS MAXIMUS + DREAMSCAPE - 1 DE MARZO DE 2008 LA RIVIERA, MADRID
Todavía con la resaca de Megadeth en el cuerpo, me dirigí a la madrileña sala La Riviera para asistir a uno de los conciertos que esperaba con más ganas. La pequeña actuación que Symphony X ofreció durante su paso con Dream Theater nos dejó a todos con ganas de más y el aliciente de que les acompañasen dos grupos como Dreamscape y Circus Maximus no hacía sino aumentar las ansias de asistir al evento.
La apertura de puertas se fue puntual y a cosa de las siete y veinte todos los que esperaban en la cola estaban dentro. Entre los asistentes pude reconocer a muchos de los que habían compartido a mi lado el asalto de Megadeth el día anterior. Aunque el cansancio era evidente en sus rostros, un brillo de ilusión y expectación iluminaba los ojos de todos los asistentes.
Dreamscape no se hicieron esperar, apenas llevábamos cinco minutos esperando cuando el grupo salió a escena y comenzó a descargar “Clockwork”, seguida de “Thorn In My Mind”. El público estaba frío, y no éramos muchos, pero poco a poco la temperatura fue subiendo. El grupo, que apenas contaba con un par de incondicionales en las primeras filas, supo meterse a la gente en el bolsillo con una buena presencia en el escenario y temas como “Deja Vu” o “Somebody”. No estoy completamente seguro, pero creo que fue “Infectec Ground” la que consiguió hacer que todo el público menease la cabeza y comenzase a elevar, tímidamente eso si, los cuernos. El cierre a su actuación lo puso “When Shadows Are Gone”, que, pese a que el sonido no fue ideal, consiguió dejar un saber de boca bastante bueno y al público preparado para lo que venía a continuación.
Aunque aparentemente la entrada no iba a ser muy grande, la gente seguía llegando y para el momento en que Circus Maximus saltaron a escena el aspecto de la sala era más que aceptable. Este prodigioso grupo (solo como prodigioso puede describirse que su segundo album sea algo de la talla de Isolate) tenía muy claro cuál era su misión y no esperaron para ponerla en marcha.
La sala estalló en vítores con “A Darkened Mind” y aunque aún había algunos despistados que no conocían al grupo, “Abyss” consiguió meterlos en materia. Se hizo extraño no ver a Michael con sus sempiternas gafas de sol, aunque su ausencia no le mermó la fuerza como un corte de pelo hacía con Sansón y, pese a los problemas de sonido, su voz sonó con aceptable fuerza y claridad. Muchos coreábamos los temas del grupo, otros se limitaban a hacer headbanging y el resto observaba con atención las maniobras de Mats a la guitarra y Glen al bajo. La interacción con el público no fue mala, pero si mejorable. Es posible que se debiera al escaso tiempo con el que contaban o a que su carrera es, todavía, notoriamente corta. Sin embargo su calidad y su capacidad para conectar con el público mediante su música se hizo patente con los temas “Wither” y “Sin”, de los que, personalmente, disfruté mucho.
Contraviniendo el set list del que todos nos habíamos hecho eco, el grupo sustituyó “Glory Of Empire” por “Arrival Of Love”. El tema tuvo muy buena acogida, al igual que su continuación con “Alive”. Para cerrar el show el grupo se despachó una notoria interpretación de “Ultimate Sacrifice”. Esta canción no tiene la misma capacidad para llegar al público que las anteriores, pero, desde mi punto de vista, musicalmente esta ligeramente por encima. En directo suena más potente que en estudio y, aunque a estas alturas mis piernas me regañaban con dureza por el sobreesfuerzo del día anterior, no pude evitar botar la poca energía que fui capaz de reunir.
La salida del escenario de Circus Maximus significó el comienzo de una espera demasiado larga. Symphony X se hacían de rogar y, como ya he mencionado, mis reservas de energía se encontraban al límite tras la avalancha de la noche anterior. Megadeth y la juerga posterior me habían dejado secuelas, agravadas por las escasas horas de sueño. Expectante, sin saber como ponerme para que las piernas dejasen de dolerme, repasaba mentalmente el set list que, supuestamente, sonaría esa noche.
Cuando ya estaba considerando la posibilidad de abandonar mi puesto en tercera fila y conseguir una posición relajada cercana a la barra, las luces se apagaron, comenzó a sonar “Occulus Ex Inferni” y los miembros del grupo fueron saliendo a escena uno a uno. “Set The World On Fire” empezó a sonar de forma contundente. Un momento, ¿Set The World On Fire?, eso no se correspondía con lo que todos suponíamos. El set list sería en efecto, diferente.
Volviendo al show, “Set The World On Fire” es un tema contundente y consiguió hacer renacer nuevas energías en mí. Decidido, me mantuve en mi sitio y cuando”Domination” continuó la labor iniciada con “Set The World On Fire”, he de decir que no me arrepentí.
El grupo sonaba con fuerza y con clase. La guitarra de Romeo se escuchaba regular a veces y el bajo de Lepond subía y bajaba de tono sin responder a ninguna lógica aparente, pero el resultado general era bueno. Allen no tardó en exhibir su capacidad como vocalista y pronto el público estaba totalmente entregado. Fue en ese momento, al terminar “Domination” cuando me percaté de que la sala se había llenado aún más; Madrid no iba a defraudar a Symphony X.
Con “The Serpent’s Kiss” la fiesta continuaba de forma excelente y se hacía evidente que el grupo había venido decidido a promocionar su último trabajo. El sonido mejoró notablemente en este tema y el bajo se mantuvo estable a un volumen asombrosamente equilibrado. El micrófono de Allen se escuchaba con mayor claridad y la guitarra de Romeo al fín sonaba nítida (aunque durante varios momentos del show esta nitidez desaparecería).
Russel Allen, además de un vocalista descomunal, es un frontman de primer nivel y todos los asistentes nos reímos con ganas cuando nos recordó el gracioso incidente que todos conocemos como el “María, María...”. Esto hizo evidente que muchos de los allí presentes habíamos estado también en aquel concierto. La broma sería un recurrente interesante durante todo el concierto, llegando incluso a reclamarse que Russell volviese a entonar ese ya casi mítico cántico. “The Damnation Game” fue bastante inesperada y uno de los mayores aciertos de toda la noche. Coreada y disfrutada por todos, fue la antesala perfecta para “Paradise Lost”. Las constantes interacciones de Russell con los presentes no hacían sino arrancar vítores y risas por doquier, allanando el terreno para que la acogida de los temas fuese aún mayor. “Through The Looking Glass” tuvo momentos de verdadera euforia, pero al final relajó un poco al respetable.
Sin embargo, todos nos reactivaríamos, y de que manera, con el comienzo de un tema que a estas alturas es ya un imprescindible: Inferno (Unleash The Fire). Simplemente demoledora. “Smoke And Mirrors” y “Sea Of Lies” impidieron que el público decayera y el ambiente era excelente cuando Russell volvió a hablar de forma significativa.
El portentoso cantante mencionó su paso por Barcelona y todos nos reímos recordando el incidente que provocó el “María, María” esta vez fue más comedido y dijo que el show en Barcelona no había estado mal pero que, esa noche, estaba siendo la mejor de la gira. Ante este, el público respondió, obviamente, con gritos y vítores. Cuernos en alto, todos recibimos la descarga de “Revelation”. El quinto tema que interpretaban de su reciente “Paradise Lost” se fundió a su término con la parte final de “The Divine Wings Of Tragedy” y el grupo abandonó el escenario.
Los técnicos hicieron algunos retoques mientras el público gritaba a pleno pulmón su deseo de escuchar “The Odyssey”. Cuando Symphony X reaparecieron en el escenario, Allen pareció comentar con Romeo si tocaban o no el citado tema. Tras una corta deliberación se dirigió al público y expresó su pesar por no poder interpretar esa canción, debido a que los arrendatarios de la sala eran, y cito textualmente, “un dolor en el culo” diciéndoles que no tenían mucho tiempo. El comentario se extendió cuando Russel explicó que luego tenían que abrir la sala otra vez para que fuese una discoteca de música House, sobre la que el grupo hizo una interesante parodia, con Allen de curioso bailarín de discoteca, para terminar dictaminando que aquella música, y vuelvo a citar literalmente, “es una puta mierda”.
Tras incitar al grupo con un “You wanna, rock? You wanna roll? You wanna Heavy Metal?”, el grupo arrancó con “Eve Of Seduction”. La acogida fue excelente y reactivó al público de cara a su despedida con el clásico “Of Sins And Shadows” que, por supuesto, no podía faltar a la fiesta.
Rendido, pero satisfecho, salí de la sala consciente de que había asistido a un concierto que realmente merecía la pena ver. Solo queda esperar que vuelvan pronto.