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Publicado el 2/08/2017 por Dany Velasco

ROJO 5 + MESCALINA - SALA BLACK BOURBON, LEÓN - 9/6/2017

¡Gran sabor de oído!

Dejadme que me ponga algo chapas, antes de entrar en materia y contaros lo vivido el pasado viernes en el Black Bourbon de León. A quien le interese únicamente la crónica del concierto, le recomiendo saltarse este primer párrafo. En los siguientes os hablaré, entre otras cosas, de Inma Díaz y su Baúl de la Valkyria, de Mescalina y su Herencia Rockandrollera y, especialmente, de Rojo 5 y LA PASIÓN. Pero llevo unos días obsesionado con un tema y creo que viene al caso, así que perdonadme el inciso:

A raíz de dos incidentes (¿) profesionales (?) vividos recientemente, uno en el festival Briviesca Arde y otro en el recital de Robe en Vigo, aparte de sentirme algo decepcionado con las dinámicas de la trastienda del Rock and Roll (¿no se supone que somos gente contestataria, comprensiva y empática?), le estoy dando vueltas a varias cuestiones personales: ¿Por qué, estando este mundillo (y el mundo en general) lleno de pequeñas pero intensas alegrías, como las que os voy a relatar en esta crónica, me quedo muchas veces atrapado por lo malo y lo vivo más intensamente que lo bueno? ¿Qué hace que esas satisfacciones de las que os hablo duren menos en mi memoria que mis errores o los encontronazos con gente que no comprende mi manera de funcionar (y a la inversa)? ¿Se trata de algo íntimamente relacionado con mi forma de ser, con mi personalidad, o es algo mucho más generalizado, más humano? Tengo una teoría (formada de varias hipótesis) y pienso compartirla con vosotros. Es lo que tiene esto de que, cuando ando a solas delante de la página en blanco, nadie pueda coaccionar mi libertad ni mi necesidad de expresarme. Aquel que quiera únicamente conocer cómo fue el bolo, es libre también de obviar el último parágrafo de este escrito, porque en él voy a retomar mi parte chapera (sic), intentando contestar(me/os) a las dudas planteadas.

14238237_961946673913725_1359594776889934963_nLlego a León cansado por el viaje en moto (si alguien sigue mi [¿] trabajo [?] sabrá que estoy haciendo una ruta motero-periodística por el norte de ñapa-Es) y deseando refrescarme, así que paso por el local, saludo (los muchachos de Mescalina están montando la parafernalia escenográfica y el backline), dejo mis cosas y me encamino hacia el centro de la ciudad en busca de uno de los famosos pinchos leoneses acompañado de algo fresquito. Mis intenciones, afortunadamente (en seguida lo entenderéis), son frustradas: alguien me grita desde el fondo de la calle que estoy subiendo. Es una muchacha alocada y pizpireta, quien me pregunta si vengo como cronista de Metalcry y, una vez se lo confirmo, me demuestra un entusiasmo contagioso y un agradecimiento sincero por haberme cascado unos cuantos kilómetros desde mi residencia temporal en Zamora hasta el emplazamiento del show. Así que me vuelvo al local y platico con ella. Que bien haberme perdido ese pincho (lo compensaría un ratito después, antes de las descargas sónicas, que para algo estoy en una de las capitales gastronómicas del país): la susodicha es Inma Díaz (alias WiseRaven – que le jodan a los denunciantes facebookeros); bloguera, emprendedora, todoterreno, menteinquieta, undergrounder, aprendiz de todo, promotora y un largo etcétera en el que sobresale, como dice en su página de WordPress, su deseo de “hacernos sentir como en casa”, ya sea mientras leemos sus escritos, disfrutamos de sus fotos (tanto las que toma – gracias por las incluidas en esta crónica – como las que deja que le tomen), escuchamos su programa de radio, gozamos con los grupos que promueve o, como en mi caso, mientras nos sentimos acogidos en su mundo de ilusión, curro, nervios, pasión y alegría vital. Su trabajo se engloba dentro del multimedio “El baúl de la Valkyria” (haceos un favor y buscadlo) y, personalmente, estoy seguro de que, lo que nació como un blog y está creciendo como un ente pluridisciplinar, al final dará sus frutos y permitirá a una mujer que pone corazón en lo que hace, poder vivir de sus inquietudes. A pesar del título de esta crónica (que entenderéis más adelante), sigo confiando en el karma (entendido como recompensa -también monetaria*-  a los esfuerzos realizados). Gracias Inma, me identifico totalmente con cada gota de tu sudor y espero coincidir muchas veces contigo: tienes mucho que enseñarme.

La movida musical comienza, con media hora de retraso respecto a la inicialmente anunciada (lo que da tiempo al personal a ir apareciendo por el Black Bourbon), con la descarga de los chicos (lugareños ellos) de Mescalina: Jesús Martínez (bajo y coros), Jonathan Martínez (batería), Ismael Pose (guitarra y coros), Iván García Jimeno (voz) y Víctor Rodríguez (guitarra y coros) conforman un combo musicalmente peculiar.  Un rato antes del comienzo alguien intenta orientarme respondiendo a mi curiosidad respecto al género que el grupo practica con un “rock urbano” que en realidad se queda corto. Sabiendo ahora de primera mano que estos chicos no entienden de etiquetas, me viene a la memoria la respuesta del gran Iñaki “Uoho” Antón, durante la rueda de prensa de presentación del Rock Fest Barcelona, a la pregunta de un periodista ególatra que le inquiría sobre su supuesta incomodidad, al formar parte sus Inconscientes de un cartel mayoritariamente metálico: “La palabra Rock engloba muchas otras palabras a las que ninguno de los presentes en esta edición somos ajenos”, vino a contestarle (¡Zasca!). Empieza a sonar la música:

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“Ven, ven, corre”, nos dicen a las primeras de cambio, “que somos ‘Herederos del Rock and Roll’ (título de su primer LP, que verá la luz a lo largo de estos días). Vamos, con el segundo tema ya, “Entrando en s(t)u juego” y, para no sentirnos como un “Náufrago”, disfrutamos en buena compañía de uno de los temas de su maqueta, así como de la divertida y sentida versión de “Girls Just Wanna Have Fun” de Cyndi Lauper. Llegamos al ecuador con la composición que nos recuerda que estos chicos son “Mescalina” y entendemos ya a estas alturas lo que el vocalista, Iván, nos confirmará en una mini charla un rato después: que el grupo tiene en su seno “una mezcla muy jodida” de influencias. Jodidamente estimulante, añado yo. Lástima de los problemas para entender las letras (que se repetirían durante la descarga de Rojo 5) porque, además de estar éstas muy trabajadas, el rango vocal del muchacho, rozando el heavy metal, le da al grupo una personalidad particular y distintiva. ¿Para cuándo, en tiempos tan tecnológicos, un gadget asequible que permita a los grupos con pocos medios transmitir su mensaje sin pérdida?

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A partir de aquí el repertorio se centra en su inminente lanzamiento y van cayendo, cada vez con el grupo más suelto y compenetrado (Iván baja repetidamente del escenario para sentirse más próximo a la audiencia) “El cazador”, “La danza”, “Tiempos de mentira” y su primer single y adelanto “Superhéroe”, cuyos título, letra y estribillo me hacen pensar, a pesar de las diferencias obvias, en el décimo track del “Rocket Ride” de los germanos EdGuy (cosas de la melomanía). No es, de todas formas, tan descabellada la analogía metalera, pues el bolo de los leoneses termina con “Melenas al viento” (título de la mencionada maqueta). BaronRojismo del de los buenos tiempos.

Y hablando de Rojismo. Debo confesarlo. Siento debilidad por Rojo 5. Desde que Dany, administrador de este mismo portal gracias al cual estáis leyendo esta crónica, me permitiera elegir entre varios discos alguno que reseñar, y tras la escucha de los primeros acordes del EP (su primer LP está al caer) del grupo, “Críptico”, sentí un flechazo. No voy a entretenerme en volver a explicar las influencias del grupo y como las plasman en su propia música, pues sin salir de esta página podéis leer dicha reseña, así como una extensa e interesante entrevista que tuvieron a bien contestarme hace unos meses. Siento debilidad por Rojo 5 y, por eso, es el primer grupo con el que me marco un doble triple (reseña + entrevista + crónica). Y no pienso escatimar ni en tiempo, ni en palabras, para intentar transmitiros lo que sentí al verlos por primera vez en directo. Ni, a partir de ahora, en gasolina para ir a verlos siempre que pueda. Deberíais hacer lo mismo.

Os adelantaba al principio de este escrito que esta parte de la crónica iba a tratar sobre la pasión. Pese que todos los personajes de los que os he hablado hasta ahora enamoran de primeras por dicha cualidad, lo de los toledanos se sale de madre. Llevo tiempo en contacto con ellos a través de las redes sociales y ya lo intuía, pero una cosa es esperárselo y otra distinta es vivirlo y confirmarlo. Transmiten pasión en su música, derrochan pasión en sus letras, irradian pasión en sus videos, emiten pasión en sus comunicados. Y en directo SON pasión. Rojo 5 suda y nos hace sudar pasión. Y talento. Ya en el intermedio de la noche, mientras echaba un cigarro y El Trivi (guitarra y voz), el Fer (batería) y el Javi (bajo y coros) probaban los volúmenes de sus respectivos instrumentos, esa pasión se adueñó de mí, viendo que las paredes del local retumbaban, y apagué el Lucky a medias para volver a meterme en el local y dejarme apasionar hasta el final del concierto. ¿Habéis asistido alguna vez a un concierto en el que el primer grupo ha sonado fantástico y, pese a ello, cuando le ha llegado el turno al cabeza de cartel, el sonido de éste os ha golpeado como un martillo pilón?

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Los dos temas elegidos para abrir la descarga, “Lo que no” y “La gran mentira” forman parte del EP ya citado y nos sirven para corroborar, en el caso de los que ya conocemos la música del grupo, y descubrir, en el de los que no, varias cosas, a tres niveles distintos pero complementarios:

  1. La carga social forma parte del ADN musical de unos chavales que no necesitan vestirse de punkis para mostrarse contestatarios, incisivos, lúcidos y rebeldes. Nos lo irán confirmando también las composiciones discográficamente inéditas.
  2. La pasión con la que viven lo que de momento es una afición (ojalá algún día puedan vivir de su música*), afecta de manera diferente a cada uno de los tres integrantes:

-       A el Trivi su pasión le beneficia a la hora de transmitir rabia y energía; pero mientras tanto, sobre todo en las primeras canciones, cuando su voz todavía no está caliente, nos hace sufrir por sus cuerdas vocales.

-       A Javi su pasión le beneficia a la hora de dominar el bajo y recordarnos lo importante que es su instrumento, especialmente en el formato trio; pero mientras se centra en él, se olvida, de vez en cuando, de soltarse algo más con los coros, algo que en cuanto consiga, ayudará muchísimo al grupo.

-       Al Fer su pasión le beneficia a la hora de destacar, de captar la atención, de que flipemos cuando vemos que le pone el alma a cada golpe de baqueta, o cuando observamos cómo maneja los platos, como quien unta mantequilla en una rodaja de pan (tiene algo especial este chaval; estoy seguro de que lo pones de técnico de luces y acaba irradiando magnetismo); pero mientras tanto, especialmente en bolos en los que la ecualización no alcanza la pulcritud deseable, consigue que la batería se coma al resto de instrumentos en determinados momentos.

  1. No sé exactamente a qué se debe, supongo que a una mezcla de cosas. Pero Rojo 5 aporta un algo, un plus, un masamás que los hace especiales. Quizás es una mezcla de honestidad, sencillez, curro, talento, experiencia (investigad), inteligencia, melomanía, frikismo, clarividencia, inconformismo y, por supuesto, y entre muchas otras cosas, PASIÓN.

Continúa el grupo el espectáculo permitiéndose una licencia: incluir en el setlist “Será con tiento”, una canción de uno de los anteriores grupos del Trivi, Expontanea. Mientras suena, las sonrisas cómplices entre los miembros de la sección rítmica me producen una sana envidia por esos momentos en los que los músicos se olvidan del mundo (me confesaba el Fer en un aparte lo mucho que le ayudó actuar en directo cuando perdió, unos años atrás, a un familiar cercano).

Caen después tres todavía no editadas: “Llegar al Sol”, “Qué se yo” y “Caín no mató a Abel”, una patada en los cojones y los coños de tod@s l@s pseudo periodistas que dan mala fama a la profesión a base de manipulación y mentiras.; y que le sirve al grupo, especialmente al Trivi (que se sale vocalmente y hasta se anima con un pequeño solo), demostrar todo lo que pueden dar de sí, rozando la perfección.

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Tras éstas, llega el turno de homenajear a una de las bandas cuya influencia es más palpable en la música de los de Illescas: Berri Txarrak. “Oreka”, o “el balance”, termina de equilibrar el sonido y se empieza a notar que los asistentes se están soltando, bailecitos y vítores mediante. Con las muñecas y los tobillos del batería ya bien engrasaditos, la voz y la púa del cantante sincronizadas, y las falanges del bajista liberadas, entramos en la recta final de la noche. Y qué mejor manera de aprovechar la calentura del personal que volver a golpearles en la jeta, esta vez con “Animal Social”, un trallazo de apenas tres minutos (el último incluido en “Críptico” que sonará esta noche), que condensa todas las constantes musicales del combo. Mientras suena “La Bestia” no puedo evitar soltar un “Yeaaaah” al que, sorprendentemente, el Fer responde con otro “Yeaaaaaaaaaaaaaaah” sin dejar de gozar (y sonreír) aporreando los parches. ¿Quién dijo que no se puede estar en misa y repicando? Éste puede repicar hasta mientras bucea. Parece que el grupo se despide con “Digo no” pero, a petición popular, y a pesar de estar echándose la hora legal encima del cuello del dueño del local, este no puede, desde el fondo de la barra, hacer caso omiso a las miradas inquisitivas del personal y da su aprobación para que disfrutemos de una última pieza, esta vez, completamente inédita (incluso en directo): “Masa Crítica”. ¡Joder qué temazo! ¿Recordáis cuando Soziedad Alkohólika todavía era capaz de aunar en una sola pieza caña punk, densidad trash, letras estimulantes y melodía hardcoreta? Pues no hay más que decir. Alguien dijo que la formación clásica del Rock and Roll es la que práctico siempre Motörhead y cuyo relevo recogen Rojo 5: el trío. Pienso que no le falta razón, al comprobar el juego sónico, masticable, que manejan estos tres. Y os lo dice alguien que flipa al ver a Iron Maiden sobre el escenario con sus tres guitarristas.

Termina el show entre aplausos y me queda un gran sabor de oído (sinestésico que es uno). He visto grupos consagrados, tocando en recintos a reventar, tocar con menos intención que los leoneses Mescalina. Y he visto público al que, habiendo soltado cerca de 100 pavos para volver a ver a algún dinosaurio, no le ha brillado los ojos tanto como disfrutando de Rojo 5.

No quiero incidir demasiado en las bondades de la música de ambos grupos, especialmente de la de los de La Mancha. A veces el entusiasmo puede ser confundido con falta de objetividad y podéis llegar a pensar que estoy exagerando o dejándome llevar. Así que lo mejor que podéis hacer es estar atentos a los inminentes lanzamientos de ambas bandas (mientras tanto, podéis aprovechar los hiperenlaces que he ido insertando entre tanta palabra). Con repetir algo que vengo planteando en mis piezas desde que empecé en esto del periodismo musical, me quedo contento: el que no vea relevo generacional en el rock patrio, anda por el mundo del showbussines o bien con ojeras de caballo, o bien buscando el billete fácil. Si yo me encontrara a alguno de esos productores discográficos que prefiere seguir tirando de bandas tributo (con todo mi respeto) o viejas glorias, simplemente le soltaría un juego de palabras: R¡OJO! 5.

Rememoremos. Intentaba, al principio de este escrito, plantear una cuestión que se podría resumir y concretar con estas dos preguntas: ¿por qué los momentos de felicidad como los relatados en esta crónica me resultan más fugaces y volátiles que aquellos que tienen que ver con el malestar derivado de las piedras en las que voy tropezando? ¿Por qué, cuando me quedo a solas conmigo mismo, tiendo a darle vueltas al dolor y me cuesta más regocijarme en la alegría? En parte creo que hay una explicación personal y psicológica: soy sensible y autoexigente. Así que lo bueno me lo tomo como algo que he aprendido a ganarme, y lo malo, como una oportunidad de aprender a ganarme más momentos buenos. Opino también que tiene que ver con el género humano: estamos programados, a través de la selección natural, para que los peligros (es decir, aquellos momentos en los que sentimos amenazado nuestro bienestar) duren más en nuestra memoria que los ratos de calma y sosiego. Y, por último, y lo más importante, pues es dónde todos y cada uno de nosotros podemos incidir y luchar por hacer un cambio (unos buenos colegas dirían: “Tenemos elección, podemos mejorar; pero el futuro no es más que un estado mental”), estoy convencido de que tiene que ver con la sociedad que hemos construido: los instantes de plenitud tienden a asociarse, en una sociedad en la que las apariencias y el postureo lo son todo, con aquello que los demás esperan de nosotros. Los sentimientos que nos remueven dolorosamente, sin embargo, tienen más que ver con nuestro interior, con nuestro yo real, lejos de convencionalismos y de la imagen que intentamos transmitir. Por todo esto, me siento, a pesar de todo, un auténtico privilegiado por poder asistir a eventos como el relatado hoy: porque noches como esta, rodeado de buena gente y de mejor música (¿o será al revés?), me ayudan a que mi yo real y mi capacidad de goce se den la mano, perdiendo en el camino prejuicios, miedos, inseguridades, máscaras y disfraces y, ante todo, sensación de soledad. ¡Gracias, gente!

  • Antes del concierto tuve el placer de compartir pincho en pleno centro de León con el Fer. Acojonante lo que aprendí en una hora en su compañía. Casualmente, parte de nuestra conversación se centró en lo difícil que es poder vivir del trabajo y el talento de uno, cuando este tiene que ver con las artes o la cultura. Cosas de estos tiempos. De ahí el título de esta crónica. El bataka me resumió la filosofía del grupo a ese respecto con una frase que venía a decir que tienen clarísimo que, “aunque nos comamos los mocos, preferimos seguir haciendo lo que nos apetece”. Ni ellos, ni yo, ni la mayoría de músicos o periodistas que estoy conociendo en este periplo vital, reciben compensación monetaria por lo que hacen y hacemos. Y qué queréis que os diga, yo no lo llevo del todo bien. No sólo por mí o por ellos. Es más una cuestión de principios, y una vendetta personal por intentar que se vuelva a valorar la cultura en su justa medida. Quiero aprovechar, relacionándolo con esto, la polémica suscitada estos días por el anuncio de Mahou en el que se alababa la actitud de un grupo que llegó a un acuerdo, con una administración local, por el cual se les pagaría los bolos de años sucesivos exclusivamente con cerveza. Todo es muy matizable y no quiero menospreciar a nadie. Pero entre todas las opiniones que he ido recibiendo estos días, me quedo con el post de un músico que, en Facebook, se limitó a comentar: “No lo entiendo. He intentado pagar mis nuevas baquetas con botellines, y no me los han aceptado”.

Autor: Quim Heras