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Publicado el 10/02/2017 por Emilio Pastor en Albums, Discos

THUNDER - RIP IT UP

Cuando tienes que reseñar el último disco de una de tus bandas favoritas de siempre, corres el riesgo de que la objetividad salte por los aires… pero no; no será el caso. “Seré fuerte” y os daré mis impresiones objetivas de Rip It Up, disco calentito de los británicos THUNDER (¡sale hoy!) que, tras la partida del bajista fundador Mark Luckhurst hace decenios, han mantenido la misma formación de manera sólida durante muchos años, si bien se han separado un par de veces para volver a los pocos años.

Banda muy apreciada en el Reino Unido y Japón… y poco en España (cancelaron hace años Bilbao por falta de venta), pero con fans muy fieles, el pasado 2015 nos obsequiaban con un maravilloso Wonder Days, así es que había mucha expectación con la salida de este nuevo impulso para la banda en 2017. A muy poco de la aparición del disco, viene una gira por el Reino Unido, otra por varias localidades europeas (sobre todo Alemania, donde estará Metalcry), en la que se saltan España… pero, por suerte, serán una de las bandas del Azkena Rock Festival, en junio, donde también estaremos para disfrutar de su directo.

Hay que señalar de manera rotunda que THUNDER lleva bastante tiempo alejada de su look ochentero y noventero, incluso del sonido de sus primeros discos, para adentrarse en un rock más intimista y elaborado; los años no pasan en balde, pero, en mi opinión, la madurez les ha sentado muy bien, porque han crecido en calidad y desenvoltura. Además, el hecho de que Ben Matthews pasara por el calvario del cáncer, seguro que ha supuesto una dura prueba para todos de la que, gracias a Dios, han salido victoriosos.

Ya me gustó mucho el anterior disco y, aunque esté feo comparar, las primeras escuchas de este Rip It Up me han hecho pensar que es algo inferior a su trabajo del año 2015. No conectas con la calidad que el disco encierra a la primera… y eso, a veces, es bueno porque indica que se trata de un plástico más reflexivo que el anterior, pero que, como veremos, encierra el mismo buen hacer. Al lío.

El disco tiene como protagonistas absolutos a Luke Morley y a Danny Bowes. El primero, alma de la banda, compositor de los temas, productor y guitarra solista, es un sólido representante de la más tradicional escuela británica del hard rock, pero también se le notan influencias del blues… e incluso un punto grunge algo lejano, pero evidente. El segundo es la distinción personificada al cantar. No es que tenga una voz de quitar el hipo, lo que diríamos “un vozarrón”, pero lo suple son creces con su elegancia y su buen gusto cantando las acertadas melodías de Luke. El resto de la banda, como siempre, cien por cien solvente y experimentado, ayuda mucho a poner en pie un disco (otro) que funciona a las mil maravillas.

La apertura es No One Gets Out Alive, una oda al “Carpe Diem”, ya que “ninguno saldrá vivo” de este valle de lágrimas. Es un tema que, a pesar del título, ya comunica energía positiva, como se dice ahora. Un riff galopante se repite antes de dejar paso a la voz; tras estrofas y estribillo, tenemos un interludio bajado de revoluciones para el solo de Luke, antes de recuperar la intensidad y el riff principal.

Cómo no, el tema que da título y que fue el adelanto, es también vacilón desde el principio, con interesante melodía en la que destaca la voz de Bowes sobre un machacón colchón hard-rockero que montan Childs y James. Le debe de gustar al amigo Morley esto de los interludios o “bridges”, ya que antes del solo también encontramos uno, esta vez dedicado a la voz. Llevamos dos temas y el nivel bombástico, sin ser desmedido, sí es alto, así es que hay que relajarse un poco.

Y es lo que consigue la chispeante She Likes the Cocaine, con ritmo marcado por el bajo, superposiciones de guitarra con wah-wah, y letra mordaz, que configuran el tema más cabroncete del disco. Coros femeninos tipo góspel-soul al final, a cargo, nada menos, que de Lynne Jackaman de SAINT JUDE, y las teclas de Matthew, ayudando a los desvaríos en glissando de Morley a la guitarra culminan, con la vuelta del motivo principal, un tema sorprendente y muy resultón.

El cuarto corte es el primer tema lento del disco, Right From the Start.  Guitarras acústicas en ristre, la canción tiene la musicalidad típica de las baladas de THUNDER con algún que otro toque bluesero. La encuentro muy inspirada, con un Bowes en horas altas, dando mucho empaque a la canción: voz llena de sentimiento y luz, y un fraseo más que convincente como sólo él sabe cantar.

Shakedown no puede dejar de recordar a I Love You More Than R&R, tema de hace unos años que es ya un clásico en sus conciertos. La presencia del cencerro nos trae un comienzo más pausado que desemboca en una de las propuestas más hard de este nuevo Rip It Up, con gran solo central y una base rítmica que atruena y pone las pilas a partes iguales.

Tras la tempestad… el medio tiempo de Heartbreak Hurricane, con un riff nada complicado que da paso a las estrofas arropadas por el base de Harry, la acústica, y un Bowes de nuevo majestuoso en el tema del “cante”. No puedes decir que sea “una balada”, pero tampoco que despunte por su fuerza rockera… aunque al final, antes del puente, la guitarra solista sube mucho la intensidad de entrada al último estribillo. Convence y mucho.

De nuevo tiempo para la paz con In Another Life. Y de nuevo Chris Childs con su bajo abre el tema con una línea pausada en la voz de Bowes, mientras los acordes limpios de la eléctrica van preparando el terreno para un bridge de voz más potente, siempre dentro de la calma por la que discurre el tema… y, de repente, las teclas a lo Hammond… ¡win absoluto! En el estribillo, siguen presentes los teclados, que se encargan del solo con la eléctrica. Un tema sencillo, pero de los que más me gustan.

The Chosen One comienza con piano, pero pronto rompen las guitarras distorsionadas. Aun así, es melódica y mantiene una línea entre el medio tempo y el clima un poco más animado, rayano en el AOR y un poco “festivo” tras el primer estribillo, “fiesta” que termina al comenzar de nuevo la estrofa. Siempre presente, un obstinato del bajo de una sola nota que cambia en el estribillo para dar más musicalidad al asunto. El bridge de la canción está muy logrado y da entrada a un solo hard-rockero a tope.

Nos acercamos al final con The Enemy Inside, que retorna a los típicos riffs de apertura de Morley, con la batería y la voz que hacen la primera estrofa, irrumpiendo guitarras y bajo a saco en la segunda. Reconocible tema, que es todo THUNDER por los cuatro costados: buenas melodías, buenas guitarras soportando el edificio y reinando la voz de Danny, acompañada por coros en el estribillo. ¡Hard rock de categoría!

Luego, Tumbling Down nos anuncia que el final del disco no va a dar tregua ni concesiones a las baladas. De nuevo tenemos “rock, puro rock”, como dicen algunos, con un buen riff y una atmósfera que se dulcifica en el estribillo. Eso lo sabe hacer Morley como nadie: cortar la temperatura del tema parando la distorsión y pasando a fragmentos limpios es una de las señas de identidad de los temas de la banda, es decir, de Luke.

Y cuando parece que estábamos abocados a otro tema durillo, cerramos con There’s Always a Loser, digno final para un gran trabajo. Ritmo de batería de manual al comienzo y piano de nuevo, en marcan un pórtico de entrada melódica con la voz como nos gusta, dando lo mejor de sí, sin forzar, cantando con exquisito gusto en otra canción melancólica que tiene guitarrazos en su parte central, un buen solo y un final que nos deja con excelente sabor de boca.

THUNDER no fallan. No serán la medicina del rock and roll que todo lo cura, pero, de nuevo, nos ofrecen un trabajo disfrutable, bien producido, con grandes temas y con una clase fuera de toda duda. ¡Recomendado… y deseando verles en vivo por partida doble este año!

Temas:

1 No One Gets Out Alive.
2 Rip It Up
3 She Likes the Cocaine
4 Right from the Start
5 Shakedown
6 Heartbreak Hurricane
7 In Another Life
8 The Chosen One
9 The Enemy Inside
10 Tumbling Down
11 There’s Always a Loser

 

THUNDER son:

Danny Bowes, voz.
Luke Morley, guitarra.
Ben Matthews, guitarra y teclados.
Chris Childs, bajo.
Gary “Harry” James, batería.

 

Discográfica: earMUSIC.

Puntuación: 8’5 / 10.

Autor: Manuel Martínez Ferrándiz.


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