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Publicado el 9/04/2017 por Dany Velasco

LA REGADERA - POLIDEPORTIVO PISUERGA, VALLADOLID - 08/04/2017

Pura fiesta

La Regadera en directo es pura fiesta. Eso se puede intuir tan sólo escuchando los dos discos que han sacado hasta el momento. Su mezcla de ska, reggae, sonidos latinos y guitarras rockeras, deberían hacer hervir la sangre al más paradito, especialmente en vivo. Además, los chicos demuestran unas tablas encima del escenario ciertamente sorprendentes para su juventud, sumando a su calidad como músicos una energía sana, un manejo de la audiencia (interacciones mediante) fantástico y un sentido del humor refrescante y agradecible.

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Es por todo esto que, tras asistir el pasado sábado a su concierto en el Polideportivo Pisuerga de Valladolid, no pude evitar preguntarme qué está pasando con el público de los directos. Si bien es cierto que, al finalizar el show, hablando con varios de los integrantes del combo burgalés, éstos me expresaron estar contentos con la respuesta de los asistentes, mi percepción no acaba de ser la misma. Recuerdo un tiempo (cuando la música mestiza movía mareas de gente, fenómeno Manu Chao mediante) en que un grupo con tan buenas composiciones y tal nivel de compromiso encima del tablado, hubiese contribuido a la formación de unos pogos impresionantes, sirviendo de catarsis festiva al personal. Prometo no estar nostálgico, que la nostalgia crea monstruos. Pero tampoco puedo obviar la idea de que, una audiencia que no debía llegar a los 20 años de media, etapa en que la sangre está para mover montañas, debería haber dejado de lado móviles, selfies, redes sociales y demás parafernalia, para bailar y saltar como posesos.

laregaderaNo me olvido de que el plato fuerte de la noche era La Raíz, los siguientes en tocar, y que dosificar la energía en un festival con tres grupos (antes descargaron l@s chic@s de De Kanteo) no es mala idea. Pero qué queréis que os diga: yo, que andaba pendiente de hacer las fotos para esta crónica y a la vez intentaba guardar en una parte de mi disco duro cerebral todo aquello susceptible de ser incluido en la misma, no pude evitar, en un momento dado, soltar la cámara y la responsabilidad y pegarme un buen meneo al son de los temas escogidos. Y eso que voy para pureta. Pero centrémonos ya en lo que Gonzalo (guitarra, voz y clase), Diego (percusión, coros y dinamismo), Cristian (trompeta, coros y frescura), Arturo (bajo, coros y dulzura), Toño (teclas, coros y habilidad), Ibai (trombón y deleite) y Gorka (batería y pericia) brindaron a partir de las diez de la noche.

Los mirandeses andan promocionando su nueva obra, “Trovadores”, y para la ocasión no dudaron en presentarse, ante una buena entrada de público que no dejó de crecer a lo largo del show, ataviados con vestiduras medievales y dispuestos a hacer de su música, igual que los artistas ambulantes del medievo, una atracción y un entretenimiento. Se notó también el peso del nuevo plástico en el setlist, siendo únicamente dos los temas del anterior disco, “Para que la vida no pare”. Que éstos fueran los elegidos para cerrar la fiesta dice mucho de la calidad que atesoran estos chicos, pues nos indica que ya en su obra debut fueron capaces de componer algún que otro clásico para sus seguidores (los ‘regaderos’).

Con el terreno (el recinto) abonado (con gente), La Regadera se lanzó (literalmente) hacia los micros, para empezar a sembrar emociones con el tema homónimo de su último disco. Toda una declaración de principios, bailable y positivista a más no poder, con la que, los chicos, a pesar de algún que otro problema técnico (opino que la voz de Gonzalo se comía demasiado a los instrumentos) comprensible al comienzo de un show, nos “dedicaron de corazón” un más que prometedor principio.

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IMG_3585Continuó la descarga con la incitación a la fiesta de “Bailaremos”, la lírica más intimista de “Canto a mi dolor”, la recomendación de flema de “Anímate” y la tentación de encender los mecheros a baja altura para quemar la goma que son los ritmos jamaicanos de “Acuarela”. Tampoco en esta fase del concierto el combo fue ajeno a algún que otro percance. El micro de Diego (una bestia escénica, este chaval) nunca acabó de funcionar del todo bien y una cuerda rebelde obligó a un pequeño parón. Pero no creáis que se pusieron nerviosos, no. Aprovecharon esos minutos para promocionar sus redes sociales e interactuar con el público. Chapó.

No hay siembra que dé frutos sin “Soles”, así que, una vez aireada la tierra, nos dejamos iluminar por una de las mejores canciones, en mi opinión, de “Trovadores”. Y comenzamos a germinar con la loca cordura de “La ley del bizco”, a crecer con el ritmazo de “Fiesta en mi casa” y a echar raíces con el subidón de “No te hará llorar”. Ojito a la capacidad de Cristian para manejar al público a su antojo, cual director de orquesta.

Y llega el momento de la cosecha, de recoger los frutos en forma de, ahora sí, alborozo, bailes, brazos en alto, sudor y aplausos. Empieza la fase final con “Mi inmadurez”, un himno súbito, instantáneo, al que le siguen los dos temas de los que hacíamos mención más arriba: “Diferente” y, como no, “La regadera”.

Hay bandas que nos hacen pensar que quien no renueve su colección de discos y de músicos de referencia es porque anda corto de miras o prefiere seguir anclado en la comodidad de lo de siempre. Lo vivido en Valladolid hace unos días no es sino una confirmación de ese razonamiento. Sólo hace falta que nos dejemos de ostias, que volvamos a vivir las cosas a través de la piel, de los ojos y el corazón, y dejarnos de tanto exhibicionismo vacuo e innecesario. Felicidades, familia. Aquí tenéis un nuevo regadero.

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Autor: Quim Heras