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Publicado el 3/02/2013 por Javier Fraile (JF)

FACTORY ROCK FEST II - SALA OTTO, GIJÓN - 02/02/13

‘La noche de la Caña Infernal’

Si el año pasado el FACTORY ROCK FEST se celebró en Oviedo, en su segunda edición este festival de Metal Extremo se celebró en Gijón, y para que la diferencia fuera total, en una sala, la Otto, que está en pleno paseo de la playa de San Lorenzo. En una noche no muy apacible que digamos, tuvimos la oportunidad de ver el espectáculo de tres bandas que nos dejaron un sabor de boca inmejorable: SOUND OF SILENCE, POSESSION y, como cabezas de cartel, nada menos que los británicos NAPALM DEATH.

La verdad, yo no las tenía todas conmigo con la sala, porque la Otto no se caracteriza precisamente por su buen sonido, aunque hay que decir que eso no impidió que nos lo pasáramos genial con los tres grupos.

Empezó la noche con la actuación de SOUND OF SILENCE, una banda formada en 2003 que desde entonces ha publicado tres discos (cuatro si contamos uno de 2005, compartido con los bilbaínos LEGACY OF CAIN), y que en la actualidad se encuentran embarcados en la grabación de un nuevo plástico, que esperan que vea la luz a finales de este mes.

La actuación de SOUND OF SILENCE se caracterizó por el hecho de que la banda le echó muchísimas ganas, pero se tuvieron que enfrentar a tres limitaciones: en primer lugar, que, al estar ya montada la batería de NAPALM DEATH, el espacio que tenían para moverse era muy escaso; en segundo lugar, que cuando empezaron su actuación todavía no había demasiado público; y en tercer lugar, que el sonido no era tan bueno como nos hubiera gustado.

Pese a todo esto, los SOUND salieron a darlo todo, abriendo su actuación con “Mi razón para morir”, e intercalando a lo largo del espectáculo canciones más antiguas, como “Mártir de la conciencia” o “El comienzo de un triste adiós”, con otras que van a aparecer en su nueva obra, como “En nombre del honor”, “Déjate guiar” o “Una lápida sin cementerio”, que fue la elegida para cerrar su actuación.

Es destacable que todos los músicos se movieron por el escenario todo lo que les fue posible, especialmente su cantante, Nefta, que hizo todo lo que pudo por animar al público, arengándonos, pidiéndonos que nos acercáramos más al escenario (porque es verdad que al empezar su actuación había cierta distancia entre el escenario y la mayor parte del público) y moviéndose tanto como pudo por un escenario que, como acabo de decir, no le dejaba mucho espacio para hacerlo.

La segunda banda en subirse a las tablas fueron los avilesinos POSESSION, que ya habían actuado en la edición anterior de este festival y que en el pasado año 2012 editaron su espléndido cuarto álbum, “Spiritual Sirius”. Formados a finales del año 1997, en la actualidad son una de las bandas más respetadas dentro del Metal Extremo asturiano y estatal.

Lo primero que llamaba la atención al verlos era que esta vez la batería de Iván estaba en medio del escenario y lo cortaba en dos, de forma que Titi (voz y guitarra) y Xuxo (bajo) quedaron a un lado, mientras que Pablo, el otro guitarrista, quedó al otro, algo “incomunicado” de sus compañeros. Pero lo más destacable de su actuación fueron los problemas de sonido que tuvieron, que impidieron que su música se escuchara con nitidez. No obstante, intentaron suplir esta circunstancia echándole muchas ganas, a lo que el público respondió muy bien.

Como intro interpretaron nada menos que el “Carmina Burana”, que empalmaron con “Un sitio en el infierno”. Sin embargo, tuvieron muy poco tiempo para tocar, y eso hizo que Titi estuviera muy poco comunicativo, para aprovechar al máximo el tiempo. Fue una pena que las ganas que le echaron no fueran suficientes como para superar los problemas con el sonido, de forma que su interpretación de temas como “Gigante” o “La sonrisa del diablo” quedó ensombrecida por esa falta de nitidez que hacía que muchas veces nos costara identificar las canciones.

Pero el plato fuerte de la noche llegó cuando se subieron al escenario los británicos NAPALM DEATH. Cualquier cosa que diga de ellos seguramente ya se habrá dicho antes, y probablemente mucho mejor. Baste decir que, con treinta años de carrera a sus espaldas, se trata de una de las bandas más grandes del Grindcore y el Death Metal, y que además, el año pasado todavía demostraron que siguen en la brecha, con la edición de un disco estupendo, titulado “Utilitarian”. Desde hace bastante más de diez años no se acercaban por tierras astures, y en la gente de aquí había muchas ganas de volver a verlos.

Su actuación se caracterizó por la combinación de temas de su último álbum con otros de su etapa clásica, y sobre todo por la estupenda respuesta de un público entregado que estaba allí para disfrutar al máximo del concierto, y que jaleaba con ganas cada comentario de “Barney” Greenaway y cada movimiento de sus carismáticos  compañeros.

Abrieron su actuación con “Circunspect” y “Errors in the signals”, y entre el público empezó el delirio. “Barney” no paraba un momento quieto, corriendo y saltando por el escenario, e intentando animar (más) a un público ya muy animado. Entre canción y canción, el cantante se dirige a nosotros no solo en inglés, sino que también intenta hablar en español, para que la gente le entienda mejor (como, por ejemplo, cuando se dirigió a nosotros para pedirnos que no hubiera violencia entre la gente).

Canciones como “Can’t play, won’t pay”, “Quarantined” o la versión de los DEAD KENNEDYS “Nazi punks fuck off” fueron verdaderos cañonazos que hicieron que la gente no parara ni un segundo, aunque se vieron bastante deslucidas por esos problemas de sonido que ya habíamos comentado que había en la sala. El público disfrutaba y se venía arriba, e incluso algunas personas se subieron al escenario para saltar desde él.

El final de la actuación, con temas como “Scum” o “Instinct of survival” fueron el broche de oro ideal a un concierto demasiado corto, en el que nos hubiera gustado poder disfrutar de un mayor setlist, que en esta ocasión fue insuficiente.

Como resumen, podemos decir que fue una noche en la que tuvimos la ocasión de ver a tres bandas de mucho nivel que dieron lo mejor de sí mismas, pero en la que hubiera hecho falta un sonido mejor, porque muchas veces la música no se escuchaba con la claridad que nos hubiese gustado.

Autor: Pablo Folgueira